Nanotecnologías, neurotecnologías, robots, inteligencia artificial, biotecnología, sistemas de almacenamiento de energía, drones e impresoras 3D serán los artífices de la revolución que, hipotéticamente, reemplazará al hombre en la industria. De hecho, las cifras son apabullantes: cinco millones de plazas de trabajo serán reemplazadas por robots o mecanismos de alta tecnología en los 15 países más industrializados del mundo. 

“El futuro del empleo estará hecho de trabajos que todavía no existen, en industrias que usan tecnologías nuevas, en condiciones planetarias que ningún ser humano jamás ha experimentado”, resume David Ritter, CEO de Greenpeace Australia/Pacífico, en una columna sobre la cuarta revolución para el diario británico The Guardian. Este fact resulta entusiasmante para los empresarios, que lejos de intimidarse, tienen expectativas positivas sobre la cuarta revolución industrial, según el Barómetro de Innovación Universal, publicado por General Electric y que recoge la perspectiva de miles de líderes en 23 países. 

Pero, ¿qué será el factor determinante, el actor principal de esta obra que está por iniciarse? El gran protagonista será el Internet de las cosas (IoT por sus siglas en inglés), de la mano de tecnologías como el trabajo en la nube, big data y analytics y otros procesos encaminados a la optimización de procesos y recursos mediante la recolección exhaustiva de datos. Durante la cuarta revolución industrial, en lugar de tener que desarmar una máquina para detectar qué pieza hay que cambiar, será posible identificar falencias, incluso antes de que sucedan, y así reaccionar al presente con una dosis de futuro.  Y este ejemplo está lejos de ser sorprendente. 

Esta convergencia de tecnologías físicas, biológicas y digitales cambiará definitivamente el mundo como es y algunos científicos se anticipan a decir que está sucediendo a gran escala y a toda velocidad. El cambio vendrá acompañado de la ingeniería genética y las neurotecnologías, dos áreas que parecen crípticas y lejanas para nosotros, ciudadanos comunes, pero que afectará todas las áreas de nuestra vida, desde cómo “vamos” al supermercado y realizamos compras, hasta cómo integramos inteligencia artificial en nuestro día a día. 

Alemania es el primer país en establecer la estrategia de alta tecnología en su agenda de gobierno, que se basa en sistemas ciberfísicos, que combinan infraestructura física con software, sensores, nanotecnología, tecnología digital de comunicaciones, teniendo en el centro de la estrategia al internet de las cosas. Según los teóricos este boost permitirá agregar US$14,2 billones a la economía mundial en los próximos 15 años y cambiará el esquema de trabajo mundial en toda su extensión.